Saigón

Saigón
Lulú Fernández
Ed. de la Univ. Nac. de La Plata, 2016
Cuento, 100 pp.

por Rubén Sacchi

Las elecciones nunca son azarosas. Escoger Saigón, como metáfora de lo exóticamente lejano, es todo un símbolo. Aunque la generación a la que pertenece la autora no es contemporánea de la gesta vietnamita, ni de The Berkeley Barb. Esa ruptura de lo que aparenta ser inalterable; ese choque de culturas y sistemas, o sea de intereses, se deja ver en estos relatos impiadosamente descarnados. En esa historia central, Fernández contrapone dos aparentes opuestos que no son tales; dos pueblos que combaten entre sí, bajo el designio de una voluntad omnipresente y destructiva: el capitalismo.
Con un buen manejo de los escenarios, en los que despliega gran conocimiento de los lugares más disímiles, su prosa no puede ocultar su formación cinematográfica. Entre oraciones cortas como tomas rápidas, utiliza sus recursos: el travelling en Felices vacaciones; el fundido a negro en Hoy me matan; la cámara lenta en Kai Ming o el cuadro a cuadro en Tango. Todo bajo la agilidad de un buen montaje y los mínimos detalles del guión literario.
En los cuentos hay parte de crueldad, algo de tragedia y mucho de humor negro. Sin embargo uno, Los primos segundos, destila maravilla. Sobrevuela la fantasía necesaria para bajar las cargas antes de abordar Mario y chapa, un fresco social crudo “Sale de su casa con un pedazo de pan humedecido en la mano. Le encantaría salir con un llavero. Guardarlo e inmediatamente dudar si cerró”.
No es un libro suave. Abarca los posibles de la vida misma, esos que hay que recorrer inevitablemente, porque “en el mar no existen los atajos”.

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